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"Una aventura inesperada"

¡¡Bienvenidos a esta sección!!

Acá les dejo otra historia que escribí yo, la Admin Luu. Espero que les guste y puede que los capítulos sean un poco largos. En fin. Aquí se las dejo.


CAPÍTULO 1:



-Mamá. ¿Puede venir Ailén a casa?-.

-Bueno. Mandale un mensaje desde el celular y fíjate si te responde -me dice mi mamá- ahora vamos a ir a Tento, así que anda pensando que vas a pedir-.



Por eso amo a mi mamá. Ella es siempre tan buena conmigo. Siempre que le pido algo, me lo da. Y si no es en el momento, es en la semana. Pero me encanta que sea así. Yo le agradezco de igual forma, comprándole cosas. Somos millonarias, y podemos darnos todos los lujos que queramos. Mi padre murió cuando yo tenía 5 años, quizá sea esa la razón por la cual mi madre accedió a comprar una mansión y vivir las dos juntas, con mis dos perros: Max y Allan.

A veces, siento que tanto para nosotras dos, es mucho. Tengo un jardín más grande de lo que necesitaría, una piscina enorme, las flores más extrañas que podrías ver en toda tu vida, algunas casas del árbol… Mucho espacio para mí sola. En cualquier lugar de mi casa. No es que no sea sociable, al contrario, tengo muchos amigos. Pero los que no son mis mejores, tienen miedo que les refriegue en la cara el dinero que soy y los trate de pobres. Me gustaría enseñarles que no soy así. Las únicas personas que me visitan en las vacaciones son mis tíos y abuelos, que siempre vienen con un montón de regalos para mí, y mis tres mejores amigos: Ailén, Camila y Federico.

Cuando estamos a unos pocos metros de la puerta de la heladería, ya sé lo que voy a pedir. Vainilla y americana con confites y baño de chocolate. Me preparo para doblar el codo y abrir el picaporte, porque no quiero ensuciarme las manos. Pero me doy cuenta que pusieron puerta a sensor, se abre sola y puedo pasar limpia. Mi madre deja que yo entre primera, así que le agradezco y entro.

Me voy directo a la barra para pedir mi orden. El chico me pregunta que helado deseo y le digo lo que tengo en mente. Mientras lo prepara, me quito las gafas de sol; no las voy a necesitar mientras esté dentro del negocio. Miro hacia abajo comprobando que mi look está en orden. Sé que no parece de una chica millonaria. Pero a mi me gusta usar ropa cómoda para salir y mi madre lo acepta. Los gustos de vestidos y ropa más cara me los doy en fiestas o en mi casa.



 Mi pelo está lacio y en orden gracias a mi gorrito negro. Levanto la vista y veo que el chico está esperando a que agarre lo que pedí. Le pido disculpas por estar distraída, acepto el helado y le doy las gracias. Voy a los sillones verdes que hay para sentarse y espero a que mi madre termine de pedir lo suyo. Saco mi móvil del bolsillo del jean y le escribo un mensaje a mi amiga Ailén:


“¡¡Hola Ailén!! ¿Tienes algo que hacer esta noche? Quería invitarte a dormir, un pijama party. Capaz que también invite a Camila, espero que no te moleste.
                  Besos princesa. Brisa.”

Le doy al botón ENVIAR y espero que conteste. Ella siempre está pendiente a su móvil y, según ella, lo ama. Pero siempre me pide prestado el mío. Se imaginarán que tengo el lujo de tener el celular que desee y por dos razones. En primera, porque soy millonaria y puedo comprarme el que tenga ganas. Y segundo, porque mi madre siempre me deja. La amo por eso.

Justo cuando mi mamá viene con su helado a sentarse frente a mí, me llega la contestación de mi amiga.

“Hola Brisa. No me molestaría que la invites. ¡Al contrario! Mientras más seamos mejor… ¿No? ¿Tengo que llevarme algo de ropa? ¿Algo lujoso? ¿Traje de baño? ¿Vestidos?
Voy a ir. ¿A qué hora? Se te olvido eso Jajaja. 
                       Besos, te quiero.”

¡Me había olvidado de eso! Sé que mi mamá me iba a dejar a la hora que yo quisiera hacerlo, pero tenía que consultárselo.

-Mamá -digo en voz baja mirándola a la cara. Puede que sea una adicta al celular, pero no pierdo el respeto a la otra persona, y menos a mi madre- ¿A qué hora le digo? También quería decirle a Camila que vaya a casa. ¿Les digo que lleven algo de ropa en especial? -pregunto mientras le doy una probada a mi helado y pruebo el primer confite.

-Sí, invítala si quieres. Que vengan a las 8 y comen allá -dice mi madre- coman lo que quieran. Si ellas quieren, que lleven ropa, pero también les podes prestar vos. ¿Se van a meter a la pileta a la madrugada? Le puedo decir a Rubén que les climatice la pileta y a Mirta que les prepare las toallas. Y si quieren también una picada para cuando estén ahí.

Rubén era un mayordomo que teníamos. Creo que se me olvidó aclarar que teníamos mayordomos, mucamas o sirvientas en nuestra casa. Ellos vivían con nosotras, pero igual había espacio de sobra. Él se encargaba de preparar la pileta: ponerle cloro, limpiarla de bichos, climatizarla a la temperatura que deseara, alcanzarme los flotadores, las colchonetas o las pelotas que yo quisiera. Era uno de los pocos que me caían bien. Después estaba el arrogante de Jorge que servía las bebidas en la cena. Nunca me cayó bien.


Mirta era una de las personas en las que más confiaba de la casa. Ella se encargaba de secar, limpiar y planchar la ropa en la casa. Pero también se había ofrecido a alcanzarme toallas y batas al terminar de bañarme o al salir de la piscina. Yo le había dicho que hacía las picadas del mundo. A raíz de eso, también me hacía picadas cuando a mi o a mis amigas nos apetecía.

-Si. Nos vamos a meter en la piscina, como siempre. ¿Le podrías decir a Mirta que me prepare mi bikini favorita? -empiezo a disfrutar de la bocha de vainilla que estaba bajo la de crema americana- ¿Le mando un mensaje a Camila o le avisas tu a su madre?-

-Le aviso yo -me dice. Recién ahora me doy cuenta del helado que ha pedido: menta granizada y selva negra. Rara combinación, pero de ella no me extraña- le diré a Mirta. Pero dile lo de la hora y eso a tu amiga -saca su móvil del bolsillo de su campera- son las cinco y media. ¿Quieres hacer algo antes?

Saco mi celular y le respondo rápido a mi amiga con la hora y lo de la ropa, antes de que mi madre se enoje conmigo por no responderle.

-Sí. ¿Hay algún Todo Moda por aquí? ¿O algún sitio que vendan accesorios como pulseras o collares? -todavía no me ubico en este sector de la ciudad. Siempre íbamos al de cerca de casa, pero tenía que venir por aquí para cambiar unos zapatos que me resultaban incómodos. Al final, lo terminé cambiando por un bolso de playa- quería algunos accesorios para lo que me voy a poner hoy. O incluso para el cumpleaños de Emilia, la hija del kiosquero-.


-Sí. Hay uno a la vuelta. Iremos si quieres, pero termina tu helado -hace una pausa- A propósito, ¿Qué día cae el cumpleaños de esa chica?-.

-3 de Febrero -le recuerdo mientras termino de comer el cucurucho y limpiarme con la servilleta- ¿Vamos?

Nos levantamos de nuestros asientos, salimos a la calle, me coloco de nuevo las gafas y mi madre me dirige hasta el negocio. Voy un poco más atrás y aprovecho a apreciar su precioso cabello rubio ondulado que flamea gracias al viento helado. Me pregunto de donde salí morocha, seguro que de mi padre. Aunque no me importa mucho. Mi mamá parece toda una adolescente, podría ser una amiga mía. La diferencia es que ella usa ropa cara para salir. Abrigos de piel, bufandas, guantes, botas… Todo caro. No me importa el gasto, pero esa es la única diferencia entre nosotras. Claro está que también está la otra diferencia: ella es una escritora famosa y yo sólo soy una chica de 14 años que busca un poco de diversión con sus amigos en la mansión donde vive.

Estoy tan atontada en mis pensamientos que no me doy cuenta de la realidad hasta que estoy dentro de Todo Moda. Empiezo a mirar collares, pulseras, anillos, vinchas y adornos para el cabello, pañuelos, esmaltes… Todo lo que venden es perfecto. Me recuerdo el vestido que me voy a poner y empiezo a buscar accesorios en ese tono. Encuentro un lazo rojo con puntos blancos y me lo llevo. Y una pulsera de perlas rojas. Decido que eso es todo lo que quiero por hoy. Podría ir otro día a la otra sucursal que quedaba a media cuadra de su casa y comprar otros accesorios.

Voy a la caja a pagar los accesorios. La compra no me sale cara, sólo unos $15. Los pago, le aviso a mi madre que ya terminé y espero que ella pague sus cosas: un collar de piedras azules y otro en color esmeralda. Unas pulseras de color rosa, violeta y blanco. Todas del mismo diseño. La compra tampoco le sale muy cara, comparada con todo el dinero que tenemos, y nos vamos. 

Esperamos en la esquina a que pase nuestro conductor, Miguel, en nuestra limusina, nos subimos y nos lleva directo a nuestra mansión.

En el trayecto, que por sí es largo, me entretengo con mi móvil escuchando mis canciones preferidas, juego algunas de las miles aplicaciones que tengo y navego por internet. Busco palabras claves de lo que me gustaría tener y se lo muestro a mi mamá. Ella se ve interesada, saca su agenda, va a la parte de notas y empieza a escribir una lista de las cosas que le enseño y digo que son preciosas. Supongo que empieza a hacer la lista de las cosas que les va a decir a mis tíos o abuelos que me compren. Espero recibir su visita hoy o mañana. Los extraño mucho.

Al llegar, la veo igual que siempre. Blanca con tiras de colores cayendo del techo. Tiras color verde, rojo, violeta, rosa, azul, naranja, amarillo y marrón rodean las columnas, escaleras, puertas de entrada, rejas, plantas y todo lo que de al exterior. Eso significa que se están por acercar las fiestas. Para las personas que no nos conocen, no significa absolutamente nada.

Espero a que nuestro conductor abra la puerta para decir un ligero gracias. Voy hasta la reja negra que rodea la cuadra de mi mansión. Me quedo parada viendo como mi madre saca las llaves de su bolso, abre la puerta y me deja pasar primera. Asiento. Ella sabe que significa gracias. Entro al jardín delantero y me encuentro con mi perro Max saltándome en las piernas. Acaricio su suave pelaje blanco, lo agarro y lo sigo acariciando mientras camino por el caminito de piedras que me conduce a mi casa.

Subo las escaleras blancas y entro a la mansión donde vivo. Busco a Betty, la encargada de cuidar a Max y a Allan y le reclamo, pero de buena forma.

-Betty… ¿Dónde estás?-.

-Aquí estoy Brisa. ¿Qué necesitas? -me pregunta pacientemente-.

-¿Max estuvo todo el día afuera? -ella asiente con la cabeza- ¿Por qué? ¿No lo bañaste? -hace que no, también con la cabeza- pues báñalo. Y a Allan también, por favor.

Le doy la última caricia a Max y lo coloco en los brazos de Betty. Allan debería estar durmiendo. Pero me asalta la duda, así que se lo pregunto.

-¿Dónde está Allan? -le pregunto mientras busca las cosas para bañar a mi querido perro.

-Tenía entendido que estaba en su habitación. Pero creo que le hace falta comida -sube un poco el tono de voz, porque está lejos. A pesar de que se esfuerza por hablar fuerte, casi ni le entiendo.

-Creo que mi madre ha comprado alimento. Debería estar donde está siempre. Y sino pregúntale -digo dirigiéndome hacia las escaleras para ir arriba. Pero tengo que decirle algo más y, como sé que no me va a oír, voy hacia la habitación de mis mascotas. 

-Hoy van a venir mis amigas. ¿Podrías dejar a los cachorros en mi pieza? Es decir, en la habitación libre junto a mi pieza-.

Cuando recibo la respuesta que necesitaba, voy hacia las escaleras y subo a mi cuarto. En la puerta está otro mayordomo (el cuál no se el nombre, y tampoco me importaría saberlo). Me abre la puerta, le agradezco y entro a mi pieza. 
Lo primero que tengo ganas de hacer es tirarme sobre la cama, pero me recuerdo que estoy sucia. Guardo los lentes y el gorro en su lugar. Busco el vestido que me voy a poner y lo coloco cuidadosamente sobre el acolchado blanco con tiras de colores de la cama. Con eso me doy cuenta que han cambiado la funda y las sábanas de la cama con el estilo de las fiestas. También han puesto el sobre tapizado en el sofá de mi dormitorio con el mismo estampado; todo está con el mismo estampado.

Abro el armario donde están mi infinidad de zapatos y agarro unas manoletinas rojas que irán perfectas con el vestido. También busco ropa interior blanca y unas medias hasta las rodillas con un lazo rojo. Me recuerdo de decirle al mayordomo que se está en la entrada de mi habitación que me traiga la bolsa con las compras y la deje en mi mesa de luz.

Antes de salir de mi habitación, me quito la ropa que había llevado al paseo y me cubro con mi bata blanca que estaba sobre una mesita. Me llevo dos toallas más del mismo color en la mano para secarme al finalizar de bañarme.

Salgo de mi pieza, le digo eso al mayordomo, el asiente y camina escaleras abajo para encontrar mi preciada bolsa con mi compra. Entro en  el baño y cierro la puerta. Veo que también han cambiado la alfombra y la cortina por el estampado de tiras de colores.

-Patético -pienso- con el decorado al exterior estaba suficiente.


Me quito la bata y la cuelgo en uno de los centenares de ganchos que hay. Cuelgo también las toallas en otros dos ganchos.
Abro el agua caliente y espero que este a una temperatura adecuada para mi gusto. Cuando la encuentro así, me meto dentro.

Escojo un champú de color negro que dice cabello liso y me lo echo a la cabeza. Luego elijo el mismo pero en crema enguaje. Hay tantos productos para el cabello míos y de mi madre que ya no se para que sirve cada uno. Cada vez que me baño uso uno diferente.

Elijo una esponja bastante suave con forma de flor en color rosa y le pongo un poco de jabón líquido. Me enjabono de pies a cabeza y luego dejo que el agua me quite el jabón sin hacer ningún esfuerzo. Me quedo unos 5 minutos en la ducha pensando en lo que voy a hacer con mis amigas. Tenía que decirle al mayordomo que sabía donde estaba la carpa, del cual no se el nombre. Sólo se el nombre de algunos, ni idea como se llamaba este. Pero tenía que decirle si la podía armar en el césped. Después de todo, íbamos a dormir en la carpa, sin importar el frío invernal.

Cierro el agua, abro la cortina de baño y pongo mis pies en la alfombra. Tira un aire que te seca el cuerpo, pero mi pelo es tan largo que no basta con eso. Agarro una de las toallas y envuelvo mi pelo para evitar que chorreara. Me pongo la bata y ato el cinturón que tiene para evitar que se me abra a mitad de camino. 
Abro unos cajoncitos que hay en un mueble marrón de madera caoba y saco unos hidratantes de piel. Me siento en mi taburete hecho de la misma madera y me empiezo a colocar los productos en la cara, en las piernas, brazos o donde corresponda. Luego de esto, abro la puerta y voy directo a mi habitación.


Entro y veo al mayordomo de antes. Parece que ni se hubiera movido. Mientras me abre la puerta me dice que ya ha colocado la bolsa que le pedí. Le digo un pequeño gracias apenas audible y entro a mi pieza. Ya dentro, me quito la bata. 
Me pongo mi ropa interior blanca y mis medias con lazos rojos. Agarro el vestido que estaba sobre la cama y me lo coloco empezando por las piernas, para no quitarme la toalla que envuelve mi cabello. Abro la bolsita de Todo Moda y me coloco la pulsera que me compré. El lazo lo dejo sobre la cama para tomarlo antes de irme. Me coloco las manoletinas rojas.


Voy a las repisas donde están todos los perfumes y elijo uno que no uso muy a menudo, pero sé que el aroma que tiene es precioso. 
Vuelvo hacia mi cama, agarro el lazo y voy donde al cuarto de peluquería, donde estará Nancy, dispuesta a hacerme un peinado espectacular. Y ya sé lo que quiero para esta noche. Y sé que no fallará.

Espero que les guste la historia. Van a hacer un poco largos los capítulos y puede que tengan fotos (por ahora) del look de nuestra protagonista Brisa. 

Si quieren episodios más cortos ya saben.. Lo dicen en los comentarios. Si tienen algún problema con la fuente, el tamaño, las imágenes o simplemente tienen alguna idea, también dejen su opinión en los comentarios aquí abajo.  Voy a leer cada comentario que dejen y los voy a tomar en cuenta.

Gracias por leer, y perdón por un capítulo muy largo, pero la historia va a ser de varios y largos capítulos.

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