Aquí encontrarás la historia "El lío amoroso de Sarah" que escribió Luu..
¡Esperamos que sea de su agrado!
"El lío amoroso de Sarah"
CAPÍTULO 1:
Chuck, un chico de edad joven, estatura mediana y cabellos rubios parados a modo de cresta, entró a la tienda para disfrutar de las grandiosas alitas de su novia Sarah y, por supuesto, para verla a ella.
Estaba un poco disgustado, ya que, estaba segundo en la fila y tendría que esperar más para tenerla tan cerca y hablarle. De tantas veces que lo había hecho, sentía que se iba a morir de desesperación por no poder hablarle, por no estar al lado de ella. Pero el problema se aliviaba, ya que ella le sonreía a cada rato y el le respondía la sonrisa.
Mientras esperaba, se dedicaba a mirar los posters en la pared: bandas de rock de hace años atrás, parejas danzando o tomando un café, pinturas de artistas famosos.. Nada muy entretenido. También se dedicó a mirar a la señora que tenía delante. Al parecer, su nombre era Crystal. Era una mujer regordeta, aparentaba unos cuarenta años y usaba un vestido rosa a lunares verdes. En el pelo, llevaba unos ruleros que le quedaban espantosos. -Que mujer tan fea- pensó Chuck.
Además de ser fea, según Chuck, pedía infinidad de comida y gaseosas. Cualquiera se preguntaría para quién iba a ser toda esa comida y si terminaría de pedir algún día. Cuando Sarah le terminó el pedido, con una gota de sudor en la cara, Crystal chocó contra Chuck e hizo que este se cayera al piso. La mujer ni se molestó en preguntarle como estaba, ni ayudar a levantarse. Lo único que le importaba en ese momento, era su comida. -Además de fea, egoísta- volvió a pensar
Después de tanto esperar, y odiar a la gorda de Crystal, llegó su turno de pedir. Estaba tan perdido en su aroma, en sus ojos... Todo era perfecto para Chuck cuando estaba cerca de Sarah.
Ella era una chica de 20 años, aunque aparentaba muchos años menos. Llevaba su cabello castaño recogido en una coleta alta y la gorra del trabajo. También llevaba el uniforme del trabajo, aunque por debajo llevaba una remera manga larga muy abrigada. Tendrá frío, pero Chuck no lo entendía, estaban a pleno verano.
Después de pensar en ella, empezó a pedir su orden.
-Buen día pastelito. ¿Me darías unas alitas con la salsa de la palmera? 4 alitas con zanahorias y el pote verde. El azul me da asco... ¿Podría ser, princesa? -Dice Chuck mirando a los ojos a su novia.
-Claro, mi hermoso Chuck. ¿Podrías esperarme allí? -dice Sarah señalando un lugar con revistas-. Te llamaré en cuanto esté tu pedido.
-Bueno. Pero no me abandones. Dedicame una sonrisa cada tanto, para saber cuanto me amas. Ah. Y no tengo problema en quedarme hasta el final de tu horario e ir a tomar algo. Ya sabes, una cita- Chuck sonríe.
-Me encantaría. Te sonreiré siempre que pueda. Espero no hacerte esperar mucho. Tus alitas van en camino.
-Gracias preciosa.-El levanta su mano y roza el perfil de Sarah-. Estaré esperando con ansias esas alas de pollo.
Chuck se ubica donde Sarah le indicó. Se empiezan a sonreír como habían acordado. El quiere ver su sonrisa todo el tiempo, pero admite que ella debe trabajar. Se dedica a hojear unas revistas de deporte, hasta que le resultan aburridas. Termina viendo ropa de moda, recordando que ropa le había señalado Sarah. Pues, el quería darle una sorpresa comprando algo que ella quería.
En eso, entra Timm al restaurante. Comienza a hacer la fila, cuando se empieza a dar cuenta que Sarah mira mucho al muchacho que está hojeando la revista de moda. Como el no le responde la mirada, ella baja la cabeza, desanimada. Timm tiene ganas de ir a por ella y consolarla, ya que era su ex-novia. Pero no podía hacer nada contra ella, estaba trabajando. Así que decide irse por el chico de la revista. Va directo hacia el, pero no lo ve, porque esta de espaldas a la entrada. Hasta que Chuck siente que alguien le toca el hombro y debe dejar la revista en la estantería para voltearse a ver al anteojudo de Timm.
CAPÍTULO 2:
Chuck se da vuelta y ve a Timm. Lo reconoce porque Abril le contó acerca de el, sabe que es su ex-novio y, casi al instante, se da cuenta de que tendrá problemas. ¿Y qué mejor para tenerlos con este tipo, frente a su novia, en su tienda?
-Oye, chico playero-dice Timm-. ¿A quién le sonríes? Espero que no sea
a la empleada del local. Ella es mi novia-.
¿Sarah? ¿La chica más hermosa del mundo? Timm, dejemosnos de idioteces. Ambos sabemos que soy su nuevo novio, que me conoces. Ella te lo habrá explicado. ¿Qué haces tu aquí?- Preguntó Chuck sin entender.
¿Sarah? ¿La conoces? Vaya, así que tu eres su nuevo novio. Ella no me contó nada acerca de tí, salvo que terminó conmigo por tí, pedazo de basura. Pero sé que aún me ama.-Le sonríe a Sarah, pero se nota que ella intenta ignorarlo- Se hace la difícil conmigo porque estás tu aquí-.
-¿A quién le dices pedazo de basura? Yo peleé por su amor. Y si no fue suficiente, lucharé contra ti por su amor. Haría todo por ella, entregaría mi vida.. Pero dudo que tu hagas eso-.
-¿Dudas de mi? Pues.. podríamos luchar. Pero que mejor decida ella, ¿No?-Timm se veía bastante inseguro. No quería luchar. Sabía que enojaría mucho a Sarah, y no necesitaba eso justamente ahora.
-Tienes miedo ¿Cierto? Si decide ella, ya me eligió a mi. Pero vamos, sé hombre-.
Chuck agarra por el brazo a Timm, arrastrando su traje color marrón y por el suelo. Lo lleva hasta fuera del local, a la luz del día, donde puedan verse fijamente, sin que nadie los interrumpa. El novio de Sarah propone un duelo. Timm no quiere aceptar, pero luego no le queda otra opción. No quería parecer débil, y menos peleando por el amor de su vida.
Empieza el duelo. Empiezan a preparar sus puños, uno más ágil que el otro, uno más preparado que el otro... Timm encaja el primer puñetazo, que da certeramente en el mentón de Chuck. Este, se lleva la mano hasta donde recibió el golpe para asegurarse
de que sigue bien. Por venganza, le da una golpiza a Timm en la nariz rompiéndosela y hacer que le sangre. Como no puede parar el flujo de sangre, lo único que se le ocurre es darle una patada en sus partes a Chuck y amaga a pegarle en el estómago, lo cual
resulta imposible, ya que Chuck empezó a dar saltitos de dolor. Le arden sus partes.
Dentro de la tienda de Alitas de Pollo, Sarah se da cuenta que Chuck no está junto a las revistas y teme que Timm le haya hecho algo. Busca por todo el local, hasta que los ve afuera: Dandose golpizas. Timm a cada rato tiene que parar por su nariz, mientras
que Chuck da saltitos por toda la vereda, intentando aliviar el dolor de su parte.
Sin soportar la situación, Sarah deja las alitas en el fuego de el señor que tiene delante, sin importarle el reclamo que le hace porque no se apura. Las alitas empiezan a arder
casi provocando un incendio.Decide quitarse la ropa de trabajo, su delantal de cocinera, y lo hace volar por los aires. Sale de su puesto de trabajo, detrás del mostrador, ignorando los comentarios de los clientes malhumorados que reclaman su comida y la atención que deberían tener por venir a comprar en su tienda.
Pero a ella ya no le importan. Ya no le importa perder su trabajo, aunque le halla costado mucho esfuerzo conseguirlo, ya no le importan las alitas en el fuego. Lo único que quiere ahora es ir afuera de su tienda y averiguar el motivo de la pelea entre Timm y Chuck, que debe de ser importante para causar tal cosa.
-Oye, chico playero-dice Timm-. ¿A quién le sonríes? Espero que no sea
a la empleada del local. Ella es mi novia-.
¿Sarah? ¿La chica más hermosa del mundo? Timm, dejemosnos de idioteces. Ambos sabemos que soy su nuevo novio, que me conoces. Ella te lo habrá explicado. ¿Qué haces tu aquí?- Preguntó Chuck sin entender.
¿Sarah? ¿La conoces? Vaya, así que tu eres su nuevo novio. Ella no me contó nada acerca de tí, salvo que terminó conmigo por tí, pedazo de basura. Pero sé que aún me ama.-Le sonríe a Sarah, pero se nota que ella intenta ignorarlo- Se hace la difícil conmigo porque estás tu aquí-.
-¿A quién le dices pedazo de basura? Yo peleé por su amor. Y si no fue suficiente, lucharé contra ti por su amor. Haría todo por ella, entregaría mi vida.. Pero dudo que tu hagas eso-.
-¿Dudas de mi? Pues.. podríamos luchar. Pero que mejor decida ella, ¿No?-Timm se veía bastante inseguro. No quería luchar. Sabía que enojaría mucho a Sarah, y no necesitaba eso justamente ahora.
-Tienes miedo ¿Cierto? Si decide ella, ya me eligió a mi. Pero vamos, sé hombre-.
Chuck agarra por el brazo a Timm, arrastrando su traje color marrón y por el suelo. Lo lleva hasta fuera del local, a la luz del día, donde puedan verse fijamente, sin que nadie los interrumpa. El novio de Sarah propone un duelo. Timm no quiere aceptar, pero luego no le queda otra opción. No quería parecer débil, y menos peleando por el amor de su vida.
Empieza el duelo. Empiezan a preparar sus puños, uno más ágil que el otro, uno más preparado que el otro... Timm encaja el primer puñetazo, que da certeramente en el mentón de Chuck. Este, se lleva la mano hasta donde recibió el golpe para asegurarse
de que sigue bien. Por venganza, le da una golpiza a Timm en la nariz rompiéndosela y hacer que le sangre. Como no puede parar el flujo de sangre, lo único que se le ocurre es darle una patada en sus partes a Chuck y amaga a pegarle en el estómago, lo cual
resulta imposible, ya que Chuck empezó a dar saltitos de dolor. Le arden sus partes.
Dentro de la tienda de Alitas de Pollo, Sarah se da cuenta que Chuck no está junto a las revistas y teme que Timm le haya hecho algo. Busca por todo el local, hasta que los ve afuera: Dandose golpizas. Timm a cada rato tiene que parar por su nariz, mientras
que Chuck da saltitos por toda la vereda, intentando aliviar el dolor de su parte.
Sin soportar la situación, Sarah deja las alitas en el fuego de el señor que tiene delante, sin importarle el reclamo que le hace porque no se apura. Las alitas empiezan a arder
casi provocando un incendio.Decide quitarse la ropa de trabajo, su delantal de cocinera, y lo hace volar por los aires. Sale de su puesto de trabajo, detrás del mostrador, ignorando los comentarios de los clientes malhumorados que reclaman su comida y la atención que deberían tener por venir a comprar en su tienda.
Pero a ella ya no le importan. Ya no le importa perder su trabajo, aunque le halla costado mucho esfuerzo conseguirlo, ya no le importan las alitas en el fuego. Lo único que quiere ahora es ir afuera de su tienda y averiguar el motivo de la pelea entre Timm y Chuck, que debe de ser importante para causar tal cosa.
CAPÍTULO 3:
Sarah llega hasta los dos muchachos peleandose. Los ve con la ropa hecha jirones y las caras con un poco de tierra. Ve la nariz rota de Timm, que aunque no le importase más, le gustaría que se le reparara. Chuck tiene una franja roja en el mentón, y supone que es de un golpe. También da saltos por toda la vereda, aunque, al cabo de mirarlo un rato, resulta estúpido. Parece como que sufriera problemas mentales. Despeja sus pensamientos y hace lo que tendría que haber hecho primero. Detiene a Timm que planeaba darle otra patada en sus partes.
-¿Qué hacen? Parecen dos niños. ¿Por qué pelean?-Sarah se voltea a ver a Timm-. Mira lo que le hiciste a mi novio. ¿Como voy a curarle ese golpe?
-Puedo explicarlo. Ese golpe que le cruza el labio se lo ganó por desafiarme. Me empezo a golpear y me llevo a rastras hasta fuera de tu local para que pelearamos por tu amor. Yo le dije que estaba loco, pero siguio con su idea-Aseguró Timm.
-ES MENTIRA. NO SABE NI LO QUE DICE. YO ESTABA MUY TRANQUILO ESPERANDO MIS ALITAS CUANDO VIENE ESTE Y ME DA UN GOLPE SIN RAZON ALGUNA. LUEGO ME ARRASTRA HASTA
AFUERA Y PRETENDE QUE YO PELEE CON EL-Chuck se sale de quicio. Está gritando y no hay
nadie que pueda calmarlo.
-¿Ah sí? Entonces dime ¿Como acabé con la nariz rota?- .
-Pues, te la has buscado tu solo-
-¿Acaso me estás desafiando enano?-Timm gruñía. Odiaba a Chuck tanto como odiaba el helado de frambuesa.
-CHICOS BASTA! Yo no quiero que peleen por mi amor. Yo tengo un novio, elegí a Chuck. Timm, me gustaría que te quitases del medio. Lo nuestro termino y debes aceptarlo, no
importa el riesgo- Sarah se queda mirando a su ex, esperando a que se vaya. Pero este se queda en su lugar. No está pensando en irse.
-Ayer me rompiste el corazon. Hace una semana, eras feliz conmigo. ¿Tan deprisa cambias?
-Una persona cambia de un día para el otro. Ahora, Timm, vete-.Mira para abajo, no le quedan fuerzas para seguir en esta situacion-.
El ex-novio de Sarah empieza a alejarse de la tienda. Camina hacia su auto, se sube y se va en un segundo. Hace una parada unas cuadras más allá, toca timbre en una casa y sale un amigo de el. Aunque no conozca su nombre, lo conoce de mirarlo por su barrio. Claro que ella no vivía cerca de la tienda de las alitas y, al parecer, ese hombre tampoco. Se sube al auto naranja de Timm cargando una caja, que supone que será comida y salen a toda velocidad.
Sarah logra volver a la escena de la tienda gracias al comentario que hizo Chuck, su novio. Sino, seguiría perdida en la escena de Timm. Aunque lo haya hecho a un lado, todavía tiene un poco te interés con por el para sentirse rabiosa. ¿Qué tal si iban a algún lugar a bailar? Bueno, a la luz del día no tendría coherencia pero.. ¿Y si iban a la noche? ¿Y si iban a la casa de una chica? ¿O a la casa de la novia de ese muchachote? Esas y otras miles de preguntas sin respuesta recorrían su cabeza. Pero después de varios llamados, Chuck tuvo que recurrir a pegarle una cachetada para que lo oíga.
-Sarah,amor. ¿Me estás escuchando? ¡Te estoy diciendo que tu tienda está echando fuego! ¡Hay un incendio! ¿Qué hiciste? ¿Dejaste la comida en el horno? ¿Alguien lo hizo a propósito?
Ella no contestó. Sólo se concentró en la imagen que veían sus ojos: La tienda, su negocio, su antiguo lugar de trabajo está envuelta entre las llamas. Clientes salen corriendo por sus vidas y ninguno tiene la mentalidad suficiente para llamar a los bomberos. Chuck tiene que hacer el trabajo de informarles a los trabajadores vestidos de color rojo. Mientras
espera que contesten, se sienta al lado de su novia y la abraza, para que se calme, aunque sabe que no lo hará. Esta muy preocupada por su trabajo y lo que causará en su vida, que ni el puede cambiarle ese pensamiento.
Sarah ve como el edificio se va cayendo de un lado, hasta que este se estampa contra el suelo, sin reparación. No importa cuanta agua le dieran a las llamas, cuanto dinero le dieran para
repararlo. No volvería a ser lo que era antes. Y dolía saber que fue todo su culpa.
CAPÍTULO 4:
Sarah mira el edificio hasta que termina de derrumbarse. Los bomberos llegan minutos
después, aunque no sienten pena por nada cuando ven que su trabajo no es requerido:
-Lamentamos mucho este pequeño desastre en su tienda-dice el empleado James. ¿Pequeño? ¡Se quemó todo el edificio!, piensa ella.
Luego de salir limpios, pensando que su tiempo de "trabajo" fue en vano, se retiran de la escena del incendio y vuelven a su cuartel. Sarah odiaba cuando pasaban cosas así. Se enojaban por venir, sabiendo que no iban a poder hacer nada para arreglarlo, que iban
a llegar tarde.
Chuck abraza la abraza a ella y eso la calma un poco. La tranquiliza susurrándole unas palabras al oído. Está tan cerca que siente el roce de sus labios y su aliento en el cuello. Sonríe. Por primera vez se da cuenta cuanto lo ama y, que el desastre de su tienda,
es algo menor ahora en su vida.
-Tranquila. Todo va a estar bien, ya verás. Buscaremos una nueva tienda de comida, o de lo que quieras, con tu mismo jefe. Volverá a ser todo como antes, lo prometo- Chuck dice las cosas tan tranquilas, Sarah no entendía como podía estar así. Pero luego lo pensó mejor y se dio cuenta: Nos protegemos mutuamente, amamos estar así, juntos. Eso me calma a mí y, también a el.
-Chuck.. No creo que Robby, mi jefe, me vuelva a contratar para alguna de sus tiendas de comida. Me iba a dar solo una oportunidad ¡Y ya la he perdido! Esta es la segunda tienda que hago trizas, no me lo va a perdonar- Sarah está enloquecida. Está al borde de la locura. Aunque no le interesaba mucho el tema del edificio, le importaba quedarse sin trabajo y que su novio tuviera que mantenerla a ella con su dinero.
-Eso no va a pasar. Robby ya se enteró y viene directo hacia aquí. Si no te contrata el ¡Lo hará otra persona! Olvida del accidente de las alitas y el de la tienda de tacos. Te mantendré yo si es necesario- Lo dijo como si le hubiera leído los pensamientos; era increíble.
Se abrazaron sentados en uno de los bancos de la vereda del edificio caído. Sarah quería quedarse así por la eternidad, apoyando su cabeza en el pecho de el chico que hacía que su corazón latiera más deprisa cuando estaba junto a el. Quería quedarse siempre apoyada en la camisa color naranja y dibujos de palmeras que llevaba puesta. Pero no podía hacerlo. La llegada de su jefe, o al menos, en ese momento todavía lo era.
-¡Sarah!-Dijo asombrado con una cara de espanto-. ¿Qué es esto? ¿Qué le has hecho a mi tienda?-Su voz se aceleraba más y subía más el tono.
-Robby.. Lo puedo explicar, fue sin querer. Yo tenía que proteger a la persona que... -Su jefe no la dejó terminar la oración.
-¿Cómo vamos a reparar esto? ¡Será mejor que te hagas responsable!. Mira como está mi querida tienda... ¡ARRUINADA!- Señaló las ruinas de aquella tienda de comida. A ella le importó muy poco eso, quería que se vaya y seguir entre los brazos de su novio.
-Descuide hombre. Ella sólo estaba haciendo su trabajo y se metió un cliente detrás del mostrador. Sólo estaba intentando sacarlo por seguridad y para que pueda seguir trabajando, y el cliente subió el fuego al máximo. Sarah intentó bajar el fuego pero ya se había
empezado a quemar todo, muy rápido. Y salió corriendo hacia afuera, para salvar su vida- Mintió Chuck. Esa era una de las cosas que le gustaban a Sarah. La protegía a ella y decía las mentiras con total seguridad; como si fueran verdad.
-¿Esto es verdad, pequeña?- Preguntó Robby.
-Sí señor-respondió Sarah-. Es la verdad.
-Bien. Ya que fue ese el accidente y no que te distrajiste, te podría poner en otra tienda mía. Pero ten más cuidado la próxima vez-
-Gracias señor, voy a tener más cuidado la próxima vez-respondió Sarah, con una sonrisa. No entendió como se pudo tragar esa historia.
Robby se dirigió a la esquina, a esperar el colectivo que lo había traído hasta la tienda. Sarah le sonreía a Chuck mirandolo a los ojos. Lo abrazó y susurró la palabra gracias muy despacio, pero con suficiente tono para que su novio la oiga.
-Es tu novio-pensó Sarah-aprovecha el momento y dale un beso.
Rápidamente, lo miró a la ojos, de nuevo. Empezó a tocar su cabello rubio peinado en una cresta. Chuck puso su mano en la mejilla de ella, con el pulgar tocándole la oreja y el resto de los dedos tocando su cabello castaño claro. Ella se acercó cada vez más hasta llegar a sus labios. Cerró los ojos. Todo pasó tan rápido... El le respondió, besándola con más pasión que ella. Sarah se separó y miró para abajo, aunque lo que quería era mirarlo a los
ojos.
-Lo siento-se disculpó-. No debí besarte, no sin tu permiso.
-¿Sarah? ¿Es una broma?-preguntó Chuck levantando el mentón de su novia, para que lo mire fijamente-. No tienes por qué arrepentirte. Eres mi novia, y puedes invadir mi espacio cuando quieras. A próposito, besas bien-.
-Gracias, pensé que no querías- esbozó una sonrisa, muy sorprendida- ¿Podrías llevarme a casa? Estoy cansada y... no quiero mirar más este desastre natural que he causado-.
-Claro, te llevo. No es tu culpa, sólo te preocupabas por mí, eso es todo-.
Chuck tomó la mano de Sarah y se fueron caminando un par de cuadras, para llegar hasta el auto de el. Recorrieron las calles mirando los negocios que había. Ropa de chicas, al cual, Sarah quiso entrar y comprarse una remera blanca con dibujos en negro, que la terminó pagando su novio. Pasaron por la tienda de cupcakes "Dulcie" y compraron unos. Sarah tuvo miedo, porque temía destruir otra tienda, pero tomó coraje y entró.
Por suerte, no había nadie, así que se pusieron de acuerdo para pedir los dos lo mismo. Chuck se acercó al mostrador. La chica que atendía tendría unos 30 años, tenía el cabello rubio con extensiones rosas y llevaba un gorro con un cupcake dibujado. El se limitó a pedir la orden, sin darle mucha importancia a su apariencia.
-Hola, buenas tardes. Quería dos cupcake de chocolate con crema americana y copitos de chocolate... ¿Podría ser?
-Claro. Serían $20. Y como estamos por cerrar, le regalo este llavero de cupcake-. La chica dejó en la barra un cupcake de goma, igual al que había pedido como orden. Era hermoso, y sabía a quien dárselo.
Esperaron sus ordenes en las mesas que estaban en el local. Mientras Sarah fue a buscar una revista de moda para hojear mientras esperaba, Chuck miró con más atención el llavero. Se dio cuenta que era de la línea de restaurantes de Robby. Decidió que era mejor guardarlo y no dárselo a su novia. Quizá este sea el local que le asignen, o quizás no. Pero si se lo daba, la pondría peor, y Chuck no quería eso. Cuando recién había acabado de guardar el regalo,
Sarah volvió con la revista, se sentó en la silla y empezó a mirarla.
Al cabo de un rato, vino una camarera con sus cupcakes. Se veían deliciosos. Empezaron a comerlos, disfrutando del sabor porque.. ¡Estaban de verdad deliciosos!. También se dieron cuenta que se estaba anocheciendo, así que decidieron comerlos por el camino.
Iban por la caminando por la vereda. Irían de la mano, de no ser por la bolsa con la remera que había pagado Chuck. Sarah se apresuró a terminar su cupcake y tomó la mano de su novio, que estaba calentita. ¡Justo como a ella le gustaba!
Después de 3 cuadras, llegaron al auto de Chuck. Sarah subió en el asiento de copiloto, él en el de conductor y manejó hasta la casa de su novia. En el camino, Chuck, le sonreía y tomaba la mano de Sarah siempre que podía.
-Me gustaría que este día no termine nunca- piensa ella-. Con el, todo es perfecto.
CAPÍTULO 5:
Chuck estaciona en frente de la casa de Sarah. Mira el piso triste, no quería separarse de ella. Pero sabía que tendría que hacerlo, quiera o no. Sarah estaba mirando hacia abajo, decidiendo si bajarse o dar una última charla con su novio. Éste, le pone dos dedos en la pera, intentando que lo mire. Cuando lo logra, le da un beso en los labios. Mucho menos apasionado que el anterior, pero está bastante bien por ser el primero que el daba con ella.
-Chao amor- Chuck esboza una sonrisa para su chica- Cuidate, hazlo por mí. ¿Vale? Te amo.
-Chuck.. Yo también te amo, lo haré. Tu también cuidate.- Sarah abrió la puerta del auto, pero antes, besó de nuevo los labios que ya había invadido una vez. No se sintió obligada, y disfrutó mucho, pero tenía que decirle adiós. Al menos, por esta noche.
Sarah bajó del auto y se dirigió a su casa. Buscó las llaves en los bolsillos de su pantalón jean. Luego de sacar el celular, un paquete de chicles, dinero, el juego de llaves del restaurante y algunos pañuelos, encontró la llave que abría la puerta de su casa. Abrió la puerta y se giró para saludar a su novio con la mano. Sonrió cuando lo vio allí que también la saludaba y le tiró un beso volador. Ella hizo gesto que lo había recibido y entró a su casa.
Al llegar, se dió una ducha para quitarse el olor a humo y tierra, se cambió de ropa para ponerse su pijamita cómodo y las pantuflas de perrito que amaba. Comió un poco de helado sentada en el sofá de la sala, que había quedado en el congelador del día que había ido su prima, mientras miraba la televisión. Estaba mirando su programa de comedia favorito "Un desastre en familia", aunque lo habían cambiado a "Una navidad en familia", porque se
acercaba la fecha del 25 de Diciembre.
Cuando acabó el programa y, al mismo tiempo, el helado. Se fue a la cama, pese que acostumbraba a acostarse más tarde. Pero, además de que estaba agotada, no quería más problemas. Quería dormirse y dejar de pensar si conseguiría trabajo en otro restaurante
o no.. Quería aliviarse de todas las dudas. Y así lo hizo. Se metió en la cama, y casi de inmediato, se quedó dormida.
En la casa de Chuck, todo era muy diferente. Se sentó al borde de su cama arrugando el acolchado azul marino. Sacó del bolsillo el llavero con el cupcake y pensó en su novia.. ¿De verdad se lo daría algún día? ¿La asignarían en esa tienda? Pero.. ¿La asignarían en alguna? Tendría que dejar de preocuparse por los problemas de su novia, pero no podía no pensar en ello. Resignado, puso el cupcake en la mesa de luz, y se acostó en la cama, con ropa y todo.
No quería bañarse ni cambiarse. Quería ver a su novia.
Al otro día, Sarah despertó. Estaba muy ansiosa, quería ver a Chuck y además, quería comprobar si Robby, su jefe, le iba a dar otro trabajo o no. Se levantó de la cama y se fue a cambiar para hacer la salida de siempre en bicicleta. Se puso una remera naranja cómoda sin mangas, unos jean celestes y unos zapatos negros con tachas a los costados. Bajó las escaleras hasta donde estaba la bicicleta. La tomó y se dirigió hacia la puerta de calle. La abrió, se montó a la bicicleta y salió en dirección al centro de la ciudad. Primero quería ver que
había pasado con su antigua tienda de alitas de pollo.
Al llegar, vió que estaban quitando los restos de edificio derrumbado y las cosas quemadas del interior.
-¿Qué está pasando-se preguntó a si misma Sarah. Tenía que averiguarlo. Todavía estaba a su nombre aquella tienda, y no le habían pedido permiso de nada para hacer una construcción sobre aquel terreno. Se aproximó a donde había unos hombres mirando unos
planos.
-Hola. ¿Podrían decirme que está sucediendo aquí?-
-Hola señorita, buenos días. No podemos contarle nada, es secreto. Estamos intentando volver a construir lo que se estropeó por el desastre que hizo la inútil de la chica que trabajaba aquí- contó uno de los hombres, el que tenía una mancha de aceite en los codos, manchándole el uniforme.
-Espera... ¿Inútil? ¡Yo soy la que trabajaba aquí! Y exijo una respuesta de lo que están haciendo con mi territorio.-Sarah gritó. No soportaba que le mientan sobre algo. ¿Acaso no era suyo? Si su jefe pensaba hacer algo con el edificio, debería de haberselo consultado.
-Si es usted, con más razón debe irse. Robby nos ordenó que te mantuviésemos alejada. Ahora, señorita, discúlpeme. Y váyase, no puede quedarse aquí.
Sarah se dió la vuelta, se volvió a subir a su bicicleta y se marchó. ¿Por qué su jefe le había ocultado tal cosa? Eso le pertenecía, y si ahora pensaba poner un edificio, ella tendría que trabajar allí. No puede ser tan malo de quitarle el trabajo. Bueno, después de lo que hizo con sus tiendas anteriores, tiene derecho.. Pero por lo menos, podría haberla despedido. Miles de dudas recorrían la cabeza de ella. Quería ir a ver a su jefe y romperle la cara por no decirle
las cosas que tenía en mente.
Se relajó. Paseando por la avenida, vió la tienda de cupcakes "Dulcie", donde había probado esos deliciosos pasteles junto a su novio Chuck. Luego pasó por la tienda donde su novio le había comprado su remera. Se detuvo en plena calle. Recordó que ella no entró a su casa con la bolsa. ¡Se la había olvidado en el auto de él!
Los autos le tocaban bocina y algunas motos pasaban a su lado y la miraban con cara de que se corriese del medio. Retomó la ruta a la casa de Chuck, aunque todavía no sabía donde era el
hogar de su novio. Decidió ir a su casa, llamarlo desde su móvil y preguntarle. Y eso hizo.
Pedaleó agotada hasta su casa. Ya empezaba a hacer un calor abrasador. Al llegar, entró rápidamente a su casa, dejó la bicicleta tirada en el medio del paso y corrió a su habitación. Primero fue a ponerse un short de jean del mismo tono, y empezó a buscar su celular por las ropas que había usado el día anterior. Revisó todos los bolsillos de antigua ropa de trabajo, pero no lo encontró. Recordó que lo había sacado de los bolsillos para buscar las llaves.
Fue directo a la cocina, donde lo encontró en el borde del sofa. Buscó el número de su novio y marcó. Mientras esperaba que atendiera, se dió cuenta que no había comido nada a la mañana y decidió comerse unos escasos cereales de colores que quedaban en una caja.
-¿Hola amorcito?-atendió Chuck-. Sonaba tan hermoso que respondiera su móvil así.
-Hola Chuck. Quería decirte algo y, preguntarte algo-.
-Lo que tu quieras cielo, dime-. Sarah se sonrojaba con las respuestas de su novio. Era tan perfecto. Le gustaría abrazarlo y besarlo. Pero estaba tan lejos... Al menos, por ahora.
-Me vas a hacer poner roja. Bien, escucha. Ayer en tu auto me olvidé la remera que me compraste-Sarah hizo una pausa para respirar y continuar hablando- me preguntaba si la habías encontrado, o si la tenías en su casa y podría pasar a buscarla-.
-Claro, me dí cuenta cuando entraste en tu casa. Pero supuse que te irías a dormir, así que no quise molestarte, princesa. Puedes venir a buscarla, te doy mi dirección.
-Vale, gracias-.
Sarah anota la dirección de Chuck en su agenda de flores y decide caminando hacia ella. No queda tan cerca, pero un poco de ejercicio no le hace mal a nadie, y se había cansado de su bicicleta. Se mete las llaves, el celular y la agenda en los bolsillos, salta la bicicleta que había dejado tirada, abre la puerta y se va caminando hacia su encuentro con su novio.
Chuck, decidido a que su novia iba a venir, decide hacer unas galletas. La receta se la había enseñado su abuela, y toda su familia decía que le salían igual o mejor, lo que hacía poner celosa a su querida abuela.
Agrega unos chips de chocolate y.. ¡Listo!, las galletas están listas. Prende el horno y pone la bandeja con las galletas dentro. Coloca en la mesa unos tarros pequeños y pone algunos malvaviscos y carame los. También coloca una jarra con chocolate caliente y dos vasos.
Decide que le encantará todo eso. Termina de sacar las masitas del horno cuando siente el timbre de la puerta. Deja rápidamente sobre las galletas, se sacude la harina que quedo prendida de su ropa y corre a abrir la puerta.
Sarah estaba ahí parada contemplandolo. Se veía tan tierno y hermoso.. Podría estar todo el día mirándolo a los ojos.. Pero también tenía otras cosas que hacer, como averiguar lo de su tienda.
-Hola. ¿Puedo pasar?-
-Oh, claro. Hola princesa-Chuck se hizo un lado. Apenas Sarah terminó de entrar, le pegó una patada a la puerta, la acorraló contra la pared y la besó. Extrañaba tanto esos labios que había besado el día anterior... La amaba tanto. Pero, al parecer, ella no quería seguir así.
-Amor.. Te amo y lo sabes. Pero vine por mi remera, nada más-miraba hacia abajo, como su novio odiaba que haga.
-Si te pasa algo, al menos dímelo mirándome a los ojos. Sé sincera conmigo, por favor-rogó Chuck. Parecía que se iba a poner a llorar en cualquier momento.
-El problema no es contigo-Sarah levantó la cabeza y lo miró a los ojos, como el le había pedido-es con mi jefe, pero no sé porque tengo que tratarte mal a ti. Discúlpame.
-No te tengo que perdonar por nada. Sé que no estás del todo bien por el accidente de tu tienda. Tendrías que disculparme a mí, por prepararte toda una merienda, por así decirlo, sin saber lo mal que estabas-
-No, no te perdones. No creo que comer contigo me haga perder el tiempo. De hecho, creo que será divertido-Sarah sonrió. Hace mucho que no lo hacía. Cuando salía con Timm, no era de sonreír mucho. Lo quería, era cierto, pero no era igual que Chuck.
Se sentaron en la mesa donde estaban las galletas, los chocolates, los malvaviscos y los caramelos. Sarah no paraba de alagar las galletas con chips de chocolate. Los malvaviscos también le gustaban.. Y el chocolate, ni hablar. ¡Estaba delicioso!
Terminaron de comer lo que había preparado Chuck. El insiste en preparar más, pero Sarah niega. La comida la había llenado muchísimo. Ayuda a levantar los vasos y los tarros y, también, a limpiarlos. Recoge la bolsa de la remera y se intenta ir. Pero su novio no la deja, no antes de que se gane unos besos, de despedida.
En el proceso, empieza a sonar el celular de Sarah. Chuck se aparta y deja que conteste. Era Robby, su jefe.
-¿Hola? ¿Sarah? ¿Dónde diablos estás?- preguntó su jefe.
-En mi casa, ¿por qué?-mintió. Creyó que no estaría bien estar en la casa de su novio, mientras tendría que estar preocupándose por su trabajo-.
-¿Qué haces allí? Ven rápidamente a la tienda de alitas de pollo. ¡Y que sea rápido!-.
-¡Es que me han echado unos muchachos! ¡Pero voy enseguida!-Sarah colgó el teléfono. No entendió nada, pero se decidió en ir a su antiguo negocio, como le había dicho su jefe. Se dirigió hacia la puerta para irse, pero una voz la detuvo.
-¿Enserio piensas irte así? ¿Sin saludar, ni nada? ¿O al menos contarme que sucedió?-Chuck se sentía despreciado.. ¿Acaso no confiaba en él?
-Lo siento amor. Es que..., surgió esta llamada con mi jefe para que valla al edificio y.. -Sarah no tuvo ganas de hablar. El tema le entristecía mucho. ¿La iban a regañar? ¿Le iba a pasar algo? No quería involucrar a su novio en esto.
-¿Y..? ¿Quieres que te acompañe? No tengo problema-.
-Bueno.. Si tu quieres... Te espero afuera, no tardes.
Sarah salió al frente de la casa. Se recostó en la pared, esperando que llegase su novio. Él, por otro lado, corrió hasta su habitación. Abrió el cajón donde estaba el llavero, lo guardó en el bolsillo y fue hacia la puerta. Algo le decía que le servía en este momento, que a Sarah le iba a pasar algo bueno con respecto a eso. Ya fuera de la casa, agarró a su novia de la mano, caminaron hasta donde estaba estacionado el auto de Chuck y fueron directo a la
tienda.
Al llegar, Sarah no lo podía creer. ¡Habían remodelado completamente su tienda! En el techo había un cupcake enorme de frutilla y chocolate, cupcakes pequeños colgaban de las cortinas, ventanas y el techo plástico, los asientos que daban a la calle eran puffs con la misma forma y en el frente se podía leer "Dulcie". Todo era de cupcakes. Su tienda era nueva, era igual que la que había ido con su novio. Pero mucho más moderna. Bajo del auto apurada, y fue a saludar a su jefe. La sonrisa en el rostro de ella era inexplicable.
-¡Robby! ¿Qué ha pasado aquí? ¿Cómo cambiaron todo tan rápido?
-Sarah.. Eres una de las mejores empleadas que tenemos. ¡No podíamos perderte! Así que se nos ocurrió restaurar la tienda, pero de cupcakes. El me dijo que te gustaban mucho.
-¿Se nos ocurrió? ¿Él? ¿De quién hablas?- Sarah no comprendía. ¿Quién estuvo ayudando a su jefe?
-El. Tu novio, Chuck. El me avisó que podía contar con el, y que estaría dispuesto a hacer lo que sea por tí. Me ayudó con la idea. Espero que no te moleste-. Robby llamó a Chuck para que se acerque. Este, le dió un abrazo a su novia por detrás. Le encantaba verla feliz. Sacó de su bolsillo el llavero y se lo dió. Sarah se giró en dirección a el, y le dió un beso en los labios. Lo amaba demasiado.
-Hiciste esto... ¿Por mí?-.
-Haría cualquier cosa por tí. Eres mi vida. Me alegra mucho verte así de feliz.
-No te pongas tierno-Sarah le agarró el cachete, como sabía que el odiaba- entremos por unos cupcakes.
-¿Y si mejor comemos una pizza? Tengo hambre- Chuck mostró una carita de puchero.
Sarah se empezó a reír a carcajadas. Nunca se había reído de tal forma. Agarro a Chuck del brazo y lo llevó adentro de la tienda. Pensó que tenía la vida más hermosa del mundo. Y que no quería que ese pensamiento acabe.
Espero que les halla gustado, sé que la historia tenía un poco más de futuro, y el título
no queda mucho. Pero en fin, no sabía el giro que podía llegar a darle.
Comenten su opinión... ¡Gracias por leerla!
-Admin Luu ;3
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